Hubo que recorrer 60 mil
kilómetros cuadrados entre cerros, Puna y quebradas para
encontrarlas desparramando su elegancia en lugares inhóspitos.
Pero el esfuerzo compartido por la Secretaría de Medio
Ambiente y Desarrollo Sustentable, Gendarmería Nacional y
Ejército dio mejores frutos de los esperados: 13 mil vicuñas
fueron censadas en las tres zonas que se dividió la
provincia de Salta.
Los primeros pasos se dieron
cuando llegaba a su fin el mes de mayo, y los técnicos de
la Secretaría junto a personal de las dos fuerzas de
seguridad comenzaron a rastrillar la Puna, que junto a los
Valles Calchaquíes, Santa Victoria e Iruya fueron las
divisiones operativas previstas antes de salir al campo. Sólo
en esta primera etapa del censo se contabilizaron 3.700
animales, que sumados a las otras dos, dieron como
resultado las 13 mil vicuñas que tiene la provincia,
sobre una población nacional que ronda las 40 mil.
Con
prismáticos, Geoposicionadores Satelitales (GPS) y
planillas, fueron registrando los datos que luego fueron
cargados en computadoras para distribuirlos zonalmente en
el mapa de la provincia. Al ser un animal territorial, la
vicuña permite su registro con baja probabilidad de
errores porque esta cualidad evita contar dos veces la
misma tropilla.
Pero el gran operativo impulsado
durante todo el invierno no tenía los datos del censo
como fin, sino como medio para trabajar desde ahora en la
preservación de la especie, impulsar medidas para el
aprovechamiento sustentable de la fibra, y superar la
calificación de especie "amenazada" (CITES 1) y
pase a ser encuadrada como "aprovechable" (CITES
2) a partir de la cual se puede pensar en la esquila
regulada y controlada, para su posterior comercialización.
Esta categorización que persigue Salta es la que ya tiene
Catamarca, pionera en el trabajo con la vicuña, y Jujuy.
En definitiva, el primer censo
total de vicuñas que realizó la provincia servirá para
trabajar en un gran objetivo que es la conservación de la
especie y la lucha contra la caza furtiva que pone contra
las cuerdas al más espigado de los camélidos. Las
discusiones en torno a las vicuñas son muchas, pero de
nada servirán si primero no se comienzan a ajustar los
controles y a impedir la permanente presión que los
cazadores furtivos realizan sobre la especie, explicaban
los especialistas de las provincias de Catamarca, Jujuy,
Salta, Gendarmería, Policías y el INTA, que presentaron
sus preocupaciones ante el Director de Fauna Silvestre de
la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la
Nación.
Sobre el aumento de la caza
furtiva en el país hay una gran preocupación que tiene
su origen en la situación económica del país. Desde que
las pizarras del microcentro muestran un dólar a $ 2,95,
a kilómetros de allí, en la Puna, las vicuñas
comenzaron a sentir mayor persecución. Su fibra tiene
como uno de los principales mercados el italiano, donde un
saco de este material ronda los 20 mil dólares, y estos
montos atraen más que nunca a los cazadores profesionales
que viven de la caza y comercialización clandestina de
cueros de vicuña porque equivalen casi a los 60 mil
pesos.
Los datos del censo permitirán
justamente conocer los lugares más castigados por la
depredación humana, los sitios donde hay mayor densidad
poblacional y aportará para el trabajo que cotidianamente
realiza Gendarmería. En síntesis, tener el censo en la
mano, como un instrumento de diagnóstico y de preparación
de los proyectos que se piensan presentar a nivel nacional
e internacional, es un paso fundamental y el más grande.
A partir de ahora se puede pensar en la forma de integrar
a las comunidades andinas en el aprovechamiento de esta
especie que lucha por sobrevivir a un trato que el hombre
le viene propinando hace más de 6 mil años, según los
datos arqueológicos que dan cuenta del uso de su fibra.
Marta
Juárez,
Poetisa, Antropóloga y Periodista
mjuarez@tartagal.com.ar