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El
ALCA no nos va a favorecer
La
importancia de lo que se negocia en Miami no puede
minimizarse, ya que afectará el grueso del comercio
exterior del continente y todos los países serán
sometidos a fuertes presiones del gobierno de Bush.
Raúl
Alfonsín *
Ante
todo debemos tener presente que la constitución del ALCA
es un objetivo y un instrumento de la política exterior
de los Estados Unidos que apunta a la apertura de los
mercados de América para su oferta exportadora. Esta política
refleja sin lugar a dudas la existencia de un importante
consenso interno en dicho país y debe ser considerada
como una política de Estado. El objetivo aparente es el
de constituir una zona de libre comercio en la que se
eliminen progresivamente las barreras al comercio y a la
inversión. La significación de la negociación no puede
minimizarse: afectará de una u otra manera el grueso del
comercio exterior de todos los países del continente.
Pero Washington no limita su ambición a negociar dentro
del ALCA temas comerciales. Quiere que los países
miembros del ALCA se comprometan a asumir compromisos diseñados
a medida de sus propios intereses en temas muy diversos
como compras gubernamentales, inversiones, propiedad
intelectual, medio ambiente y normas laborales. (¡Nada
menos!) En el ALCA no existe la posibilidad de constituir
alianzas que contrapesen el inmenso poder americano. México
y Canadá, miembros del NAFTA, tienen economías íntimamente
ligadas al mercado americano y responden a otra lógica de
intereses. Asimismo es bien conocida la dependencia que
tienen de Estados Unidos muchos países caribeños y
centroamericanos. No se puede esperar de ellos actitudes
de heroísmo en negociaciones comerciales, cuando la
prosperidad o subsistencia de sus pueblos depende del
acceso al mercado americano. Se trata de países sumamente
vulnerables y dependientes que no cuentan con la
posibilidad de construir mercados nacionales y que están
ubicados en una región donde se siente todo el peso económico
y político de la principal potencia del planeta. La
salida de algunos de dichos países del G22 durante la
discusión de la Organización Mundial del Comercio de
Cancún debe señalarnos que no se puede esperar otra cosa
en el ámbito del ALCA. Es decir que nos enfrentamos ante
el claro desafío de que se constituya en América un
sistema aún más hegemónico que el actual. Ello implica,
por un lado, la existencia de un Estado que cuenta con la
capacidad de imponer a los otros la estructura normativa
que determinará las reglas del juego económico-comercial
en América. Por el otro, nuestros empresarios deben tomar
conciencia de que el Estado hegemónico otorgará una
ventaja adicional a sus poderosas
"megaempresas": la capacidad de obtener
beneficios adicionales no previstos por el mercado a través
de la presión política. Tampoco podemos dejar de
reconocer la capacidad que tienen el gobierno y las
empresas americanas para influir desde adentro de nuestros
propios países sobre las discusiones y definición de
posiciones. La relación es asimétrica y seremos
sometidos a fuertes presiones propias de la administración
del presidente Bush, convertido en un grave riesgo para el
mundo.
Con
agenda impuesta
Las
negociaciones comerciales internacionales reflejan una
situación coyuntural: la guerra sin tiempo originada en
la invasión a Irak, el bloqueo de las negociaciones
comerciales y un cambio estructural: la emergencia de
nuevos protagonistas de peso intermedio. El
fracaso de la 5ta. Conferencia Ministerial de la OMC no
implica el fin de las negociaciones, simplemente señala
que el esfuerzo negociador de las principales potencias
comerciales posiblemente será reconducido hacia otros ámbitos.
El resultado de la reunión de Cancún no debió
sorprender a nadie. Era evidente que las principales
potencias comerciales (la Unión Europea, Estados Unidos y
Japón) intentaban imponer una agenda negociadora sin
comprometerse a contraprestación alguna. Aceptar el menú
negociador propuesto por las principales potencias hubiera
significado para los países emergentes limitar su
capacidad de conducir políticas de desarrollo autónomas
sin recibir compensación alguna en el plano comercial. Es
decir que el fracaso de Cancún impidió que se agudice la
injusta normativa que regula el comercio internacional,
pero también tiene sus costos: aumenta el peligro del
bilateralismo y el cambio en la toma de decisiones, que
podría no ser en adelante por consenso. Pero el más
grave problema es que el Congreso de los Estados Unidos
otorgó al Poder Ejecutivo un mandato negociador
particularmente rígido en los temas que más interesan al
Mercosur, a saber: defensa comercial y agricultura para
las negociaciones que encare en el ámbito multilateral de
la OMC, regional del ALCA o bilateral. En materia de
defensa comercial, se instruye a los negociadores que
deben preservar la facultad de los Estados Unidos de
aplicar rigurosamente sus leyes comerciales, incluyendo
antidumping y derecho compensatorio.
….No
nos va a favorecer
De
esta manera se busca que los acuerdos comerciales con
terceros no limiten la capacidad de Washington de actuar
de manera unilateral. Cabe señalar que paradójicamente
el mismo mandato negociador, tan respetuoso de la soberanía
americana, exige a los negociadores de Estados Unidos que
obtengan importantes modificaciones en las legislaciones
internas de otros países para que se ajusten a la
normativa americana en temas como inversiones y propiedad
intelectual. En materia agrícola, el mandato negociador
requiere que para mejorar las condiciones de acceso se
debe cumplir con un mecanismo de consulta previa con el
Congreso de dicho país que reducirá aún más la
capacidad de otorgar concesiones en productos de interés
del Mercosur. Es decir que en el marco de las
negociaciones del ALCA se corre el peligro de que se nos
imponga la agenda negociadora de las principales potencias
comerciales sin lograr concesiones de significación en
los temas que interesan al Mercosur. En este contexto
nuestros países no deben quedar inmovilizados ante el
desafío externo. Deben reaccionar de manera pro activa.
En este marco, resulta indispensable generar una dinámica
intraregional que permita al Mercosur ser un polo de
atracción económica comercial para toda América del
Sur, similar al que constituye China en Asia. Las
negociaciones comerciales con algunos países andinos y
los esfuerzos por crear una infraestructura física que
nos una en un vigoroso mercado regional son pasos
indispensables, aunque pienso que llegarían demasiado
tarde como para pesar sobre las actuales negociaciones del
ALCA. Es imprescindible asimismo fortalecer la cohesión interna
del Mercosur para poder defender con claridad los
intereses de la región. Todos conocen la postura del
presidente José Sarney y mía respecto a la concepción
neoliberal y la lucha contra la globalización
insolidaria. El esquema de integración que nosotros
propusimos era esencialmente político y no meramente
comercial. El Mercosur que soñamos era un ámbito de
solidaridad y paz en el cual se preservaban la democracia
y las garantías individuales y no meramente un mercado.
Como señalé, el Trade Promotion Authority, mandato
negociador aprobado por el Congreso de los Estados Unidos,
otorga al Poder Legislativo de dicho país la capacidad de
participar activamente en el proceso negociador del ALCA
generando una nueva asimetría institucional. Al permitir
que el Poder Legislativo norteamericano pueda
constantemente reducir u objetar los compromisos asumidos
por los negociadores del Poder Ejecutivo de Estados
Unidos, se obliga a nuestros negociadores a tener que
superar dos instancias negociadoras (Ejecutivo y
Legislativo). Esto destaca la necesidad de que el Mercosur
fortalezca su esquema institucional para dar respuesta a
este nuevo desafío. Simultáneamente debemos impulsar las
negociaciones con los países del mundo que están
realmente dispuestos a mejorar las condiciones de acceso
para nuestros productos. El mundo que nos toca vivir nos
presenta desafíos pero también abre las puertas a
grandes oportunidades. Finalmente, si el resultado de las
negociaciones no permite recibir contraprestaciones
suficientes como para justificar los costos que representa
la constitución del ALCA, nos queda el último recurso:
poder decir que no, monosílabo que distingue a los
pueblos libres respecto de los sometidos.
*
Raul Alfonsin, ex Presidente Argentino. Publicado en Clarín,
el Jueves 20 de noviembre de 2003
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