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NÚMERO 5
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Editorial: Viento sur o soja
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La única opción, es la paz...
Mantengo una relación espiritual con la selva
Discos compactos realizados con botellas de plástico usadas
Cuando la soledad puede convertirse en enfermedad
El seguimiento auditivo en los recién nacidos
Bicicletas reemplazan a los automóviles por un día
Falleció a los 86 años un símbolo de la tradición
El ALCA no nos va a favorecer
Extraen agua dulce de un manantial submarino
Aguas Argentinas S.A. deberá en 18 meses construir la Planta de Tratamiento de Líquidos Cloacales en Berazategui
Ejércitos liliputienses para purificar el agua
Juventud y consumo
Salta atesora 13 mil vicuñas
Exportan cabras congeladas desde Pampa del Infierno
Sean pastores..., no burócratas
Las multinacionales del agua ajena
Preservación de la contaminación del inmenso acuífero guaraní

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Cuando la soledad puede convertirse en enfermedad

VIENA (EFE).- Las grandes ciudades son un raro conglomerado de “bondades y maldades” según se lo entienda como la oferta de innumerables servicios y la negación de una saludable calidad de vida. Un nuevo problema fue detectado como causa de enfermedad en las grandes urbes. Se trata de que  cada vez es mayor el número de personas que viven solas en las ciudades y según algunos psicólogos, están más expuestas a sufrir enfermedades físicas y psíquicas que si vivieran en compañía o en un pueblo. Esto se debe a que persiste en ellas el fuerte deseo de llevar una vida familiar tradicional o simplemente de relación con sus compañeros y vecinos, cosa que, en las ciudades  se hace cada vez más dificultosa. Se abre así un abismo entre la añoranza de una relación social o de pareja armoniosa y la realidad amarga, lo que según la revista austriaca Medizin  Populaer puede tener consecuencias fatales. El sistema inmune de los que viven solos es menos estable que el de los casados, por lo que sufren con frecuencia alergias y enfermedades crónicas. El estrés extremo que significa la pérdida de la pareja hace perder a  muchos la alegría de vivir. Además, muchas personas deprimidas se alimentan mal y algunas buscan consuelo en el consumo excesivo de alcohol. Los hombres divorciados contraen tres veces más enfermedades que los  casados y el índice de mortalidad masculina luego de la pérdida de la  pareja sube un 40%. Mientras que las viudas,  muchas fallecen dentro del año siguiente al deceso del cónyuge. <>

 

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