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La
ONU tendrá que
superar su
estancamiento
Terminadas
las hostilidades en
Irak, una nueva
batalla comenzará a
desarrollarse en el
Consejo de Seguridad
de las Naciones
Unidas. Sobre la
mesa se discutirán
el regreso de los
inspectores, el
levantamiento de las
sanciones y la
reconstrucción política
y económica del país,
pero en el fondo lo
que estará en juego
será el futuro de
las Naciones Unidas.
Veamos que piensan
dos eurodiputados
que aseguran ..
Hay
que refundar la ONU
Desde
Estrasburgo, por
Emma Bonino y
Gianfranco Dell´Alba
*
La
guerra en Irak
planteó en forma
descarnada la cuestión
del orden
internacional y, en
particular, el papel
de las Naciones
Unidas. Para muchos,
es obvio: garantizar
el derecho
internacional y la
legalidad. Quienes
así piensan
sostienen la
necesidad de
devolver prontamente
a la organización
la estatura que le
restó la invasión
liderada por Estados
Unidos. Sólo así
imperará la ley
entre las naciones.
Para ser una auténtica
sede de la legalidad
internacional, la
ONU debe convertirse
en una organización
afianzada en su
propia legitimidad,
capaz de funcionar
sin las
interminables
dilaciones, vetos,
indecisiones y
renuencias a
asegurar el
acatamiento de sus
decisiones. La ONU
nació como una
comunidad de
naciones
comprometidas a
salvaguardar y
promover los valores
medulares de la
lucha contra el
nazismo y el
fascismo. En sus orígenes,
fue un club bastante
exclusivo, limitado
a los cincuenta países
signatarios de su
Carta. Esta, en su
artículo 53, definía
a los países del
antiguo Eje fascista
como "estados
enemigos" de la
ONU. Por eso Italia
debió esperar hasta
1955 para ser
admitida, Japón lo
fue sólo en 1956, y
Alemania (Federal),
en 1973. La Carta de
las Naciones Unidas
era, por sobre todo,
un manifiesto de
Estados
comprometidos con la
libertad y la
justicia. También
contenía una serie
de objetivos políticos
específicos:
descolonización y
autodeterminación
de los pueblos,
progreso social y
promoción de los
derechos humanos
fundamentales. Pero
el comienzo de la
Guerra Fría y la
aparición del
Movimiento de Países
No Alineados
frustraron
progresivamente las
intenciones de los
miembros fundadores.
En verdad, nos hemos
alejado tanto del
espíritu original
de la Carta que hoy
nos parece natural
que las dictaduras
juzguen a las
democracias y que
Libia presida la
Comisión de
Derechos Humanos. La
Carta facultaba a la
ONU para reaccionar
contra amenazas a la
paz y el orden
internacionales
provenientes de países
que no fuesen
miembros. Según una
cláusula que nunca
se implementó, los
signatarios debían
proporcionar
contingentes que
estarían bajo el
mando del Comité de
Estado Mayor,
integrado por los
jefes de Estado
Mayor de los
miembros permanentes
del Consejo de
Seguridad. En este
contexto, el poder
de veto conferido a
los vencedores de la
Segunda Guerra
Mundial no se
aplicaba a los
conflictos
"internos"
entre Estados
miembros, sino únicamente
a los casos en que
la paz se viera
amenazada por países
ajenos a la ONU. Con
el tiempo, la ONU
experimentó una
transformación por
obra de dos
factores: La
presencia de
dictaduras entre los
miembros permanentes
del Consejo de
Seguridad la paralizó
y convirtió en
letra muerta
numerosas cláusulas
de la Carta. El
ascenso del
Movimiento de Países
No Alineados, creado
por Chou En-lai,
Nehru y Tito en
1955, lanzó una
especie de ideología
sustituta de la ONU
que reafirmaba enfáticamente
el principio de no
intervención en los
asuntos internos de
los Estados y su
primacía por sobre
los derechos
individuales
proclamados en el
artículo 1 de la
Carta. Asimismo, No
Alineados defendió
el principio de que
todo Estado soberano
tenía derecho a ser
miembro de la ONU.
De ese modo, la ONU
dejó de ser un club
de países que
compartían los
mismos valores para
convertirse en un
foro amorfo de la
comunidad
internacional, un
cuerpo confuso que
nunca investiga las
credenciales democráticas
de sus miembros.
Mecanismos por
cambiar La ONU
actual, que confía
la protección de
derechos humanos
fundamentales a países
que figuran entre
los máximos
violadores de esos
mismos derechos, ya
no es aceptable.
Debemos modificar no
sólo sus mecanismos
internos, sino también
su composición.
Necesitamos una
"Organización
Mundial de
Democracias"
dedicadas a promover
los valores
originales de la
ONU, incluidos la
democracia, el
imperio de la ley y
el respeto de los
derechos humanos.
Podría organizarse
siguiendo, por
ejemplo, el modelo
de la Organización
Mundial del Comercio
o el Consejo de
Europa. Este último
merece ser imitado
porque condiciona la
admisión y
permanencia de sus
miembros al
acatamiento de
normas democráticas
específicas. Así,
los países de la ex
Unión Soviética
debieron adaptar su
legislación para
poder ingresar. La
nueva ONU debería
hacer lo mismo:
supeditar el ingreso
y permanencia de sus
miembros al respeto
de los compromisos
internacionales
asumidos por cada
Estado, empezando
por la Carta de las
Naciones Unidas y la
Declaración
Universal de
Derechos Humanos. En
estos últimos años,
la democratización
de varios países, a
menudo precedida por
reformas dolorosas,
ha demostrado que,
así como se
globalizó el
comercio, también
se puede
"globalizar"
la democracia. Sin
embargo, otras
naciones se obstinan
en mantenerse fuera
de este orden democrático
emergente y algunas
democracias están
virando tal vez
hacia el
autoritarismo. ¿Esto
no debería incidir
en su estatus
internacional?
Debemos refundar la
ONU basándonos en
sus principios
originales. El
requisito para
admitir a un país
no debería ser su
mera existencia,
sino el cumplimiento
de determinados
criterios de
gobierno democrático.
La ONU debería
poseer mecanismos
para suspender, o
aun expulsar, a los
miembros que no
respeten las normas
democráticas (la
Unión Europea los
tiene). Sólo una
ONU rehecha tendrá
la legitimidad
necesaria para
reaccionar, en forma
creíble, ante las
amenazas a la paz y
fomentar la libertad
y los derechos
humanos. Su
refundación debería
comenzar enseguida.
Un buen punto de
partida sería
constituir, antes de
la próxima Asamblea
General, un comité
de Estados democráticos
que coordine las
acciones de sus
integrantes y
establezca
posiciones comunes.
*
Los autores son
diputados del
Parlamento Europeo
por el Partido
Radical
Transnacional.
Funte:
Project Syndicate
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