Si
la hormiga del
desierto
Catagllyhis
sale en busca de
alimento, hay que
darse mucha prisa.
Al menor asomo de
sombra, vale la
pena ahorrarse
unos metros de
carrera. Y en
ello, esta pequeña
y veloz corredora
es una verdadera
maestra. Porque
cuando se lanza a
la búsqueda de
cadáveres de
insectos que no
han podido
soportar el calor
sofocante del día,
esta hormiga
recorre con
frecuencia, en
cada salida,
cientos de metros
sobre la
abrasadora arena,
y ello no en línea
recta, sino en
zigzag. Pero si se
encuentra con algún
bocado suculento,
corre en derechura
con él en dirección
a su agujero, de
un centímetro de
tamaño, situado
encima de su nido.
Esta habilidad
ambulatoria
sorprende tanto más
si se tiene en
cuenta que en la
cabeza de esta
diminuta criatura
sólo trabaja una
calculadora que
apenas pesa un
mili-gramo.
Durante largo
tiempo constituyó
un misterio cómo
se orienta la
hormiga, dado que
en el terreno desértico
le faltan casi
siempre los puntos
ópticos de
referencia. De
otro modo a como
ocurre con sus
parientes que
habitan en zonas
de selva, ella no
puede seguir
pistas olfativas,
porque el viento
del desierto
arremolina y
revuelve
constantemente su
mundo de arena.
Investigadores de
la Lquote Escuela
Técnica Superior
Confederada de
Zuridh, investigan
desde hace ya más
de tres décadas
el sistema de
navegación de la
hormiga del
desierto. Esta
puede por una
parte (gracias a
sus ojos
compuestos)
reconocer en el
cielo un espectro
de polarización
invisible para
nosotros, y de
este modo sabe
siempre en qué
dirección está
caminando. Por
otra parte, la
hormiga cuenta sus
pasos, registra
los desniveles de
subida y los
vientos. De los
resultados de
estas mediciones,
la hormiga calcula
exactamente el
camino de regreso
más corto. Por último,
encuentra el
orificio de
entrada porque
registra todas las
singularidades ópticas
en el entorno
inmediato del
nido. En el curso
de los últimos años
se han ido añadiendo
al proyecto las más
diversas
disciplinas científicas.
En el Instituto de
Inmunología de la
Universidad
Humboldt de Berlín,
se ha instituido
un programa de
investigación que
estudia la
capacidad de
orientación
tridimensional de
un «navegador de
cerebro mínimo»,
como es justa-
mente el que se
halla en la cabeza
de la hormiga
Cataglyphis.
Especialmente los
investigadores de
la “inteligencia
artificial” se
prometen valiosos
estímulos en este
proyecto, que es
apoyado por la
Fundación
Volkswagen con la
suma de 505.800
euros. En total,
esta Fundación
aporta 3,5
millones dc Euros
para la
investigación de
los sistemas
neuronales y de
los procesos
cognitivos. En el
proyecto
germano-suizo
sobre la hormiga,
universidades con
sede en Berlín.
Jena, Zurich y Ulm
combinan enfoques
neurofisiológicos
y de fisiología
de conducta. Todavía
no se sabe, por
ejemplo, si la
hormiga posee una
memoria
tridimensional o
si su cerebro
estructura el
viaje por montes y
valles valiéndose
de piezas
bidimensionales.