Al
Maestro con Afecto
Murió
Don Alfredo Bravo,
defensor de los
derechos humanos y
la educación pública
El
diputado Alfredo
Pedro Bravo,
fallecido el
pasado 26 de mayo.
Fue uno de los
grandes exponentes
políticos que
dedicó su vida a
la lucha por la
defensa de los
derechos humanos y
la educación pública.
Fue
militante del el
Partido
Socialista, cuyos
ideales representó
noblemente desde
el Congreso
nacional.
Este
maestro entrerriano
de 78 años, se
convirtió en uno de
muchos luchadores
contra la última
dictadura militar,
por la cual fue
secuestrado,
torturado y
encarcelado, hasta
que el reclamo local
e internacional forzó
a las autoridades de
facto a acceder a su
liberación. El
apodo de
"maestro"
se lo ganó no sólo
por su tarea como
docente rural que
ejerció en sus años
de juventud en el
chaco-santafesino,
sino también por su
reconocida
trayectoria y labor
política desde
las filas del
socialismo, que le
valió el
reconocimiento de su
pares en reiteradas
oportunidades.
Cultor de un estilo
de vida austero,
llevó a la práctica
política los más
altos preceptos del
socialismo
argentino, del que
será recordado como
uno de sus más
grandes exponentes.
Bravo, nació el 30
de abril de 1925 y
se recibió como
maestro a los 18 años,
donde comenzó su
tarea como docente
rural en una escuela
de una remota
localidad del chaco
santafecino, y desde
la cual fue
trasladado a un
establecimiento de
la Capital Federal.
Su tarea en la
actividad gremial de
los educadores lo
llevó a trabajar
por la creación, en
1973, de la
Confederación de
Trabajadores de la
Educación de la República
Argentina (CTERA),
el mayor
agrupamiento
sindical del país.
A fines de 1975
integró el grupo de
personalidades políticas,
gremiales y
religiosas fundador
de la Asamblea
Permanente por los
Derechos Humanos
APDH, siendo
entonces elegido
copresidente, cargo
que desempeñó
hasta su
fallecimiento. El 8
de setiembre de
1977, en plena
dictadura militar,
fue secuestrado por
un grupo de tareas
en la escuela donde
se encontraba dando
clases y permaneció
cautivo bajo
torturas en un
centro clandestino
de detención que
dependía del Ejército.
Numerosas
personalidades del
ámbito político,
cultural, sindical,
entidades nacionales
y extranjeras
reclamaron su
liberación y
denunciaron los
tormentos a que fue
sometido, lo cual
forzó a la junta
militar que
gobernaba la
Argentina a ponerlo,
el 20 de setiembre
de 1977, a disposición
del Poder Ejecutivo.
Fueron, sin dudas,
los meses más duros
del maestro que
incluyeron su
reclusión en la
Unidad Penitenciaria
N 9, en proximidades
de la ciudad
bonaerense de La
Plata, hasta su
liberación
provisional en junio
de 1978. A raíz de
esa detención
ilegal perdió su
trabajo, el cual
recuperaría recién
en 1984 con la
llegada de la
democracia. Las
torturas sufridas
durante su
cautiverio le habían
dejado secuelas en
sus piernas. En el
juicio oral y público
que se llevó a cabo
contra los ex
comandantes de la
dictadura militar,
Bravo fue uno de los
testigos de cargo
por el
encarcelamiento
ilegal y las
torturas sufridas,
las que sirvieron de
prueba, junto con
otros 707 casos,
para fundamentar las
condenas. Cuando, a
mediados de 1987, el
Poder Ejecutivo
promulgó la polémica
ley de Obediencia
Debida, Alfredo
Bravo renunció a su
cargo en el
Ministerio de
Educación que
ocupaba desde 1983 y
también a la
jubilación de
privilegio que le
hubiera
correspondido por el
cargo público
desempeñado. Retornó,
así, al ejercicio
de la docencia como
director de escuela,
cargo con el cual se
jubiló. En 1988,
recibió el Premio
Anual que otorga la
UNESCO en
reconocimiento por
el aporte a la
educación y a los
derechos humanos, y
en ese mismo año se
reincorporó al
Partido Socialista
Democrático,
retomando así una
militancia que
iniciara a los 17 años,
en el antiguo
Partido Socialista.
En 1989, integró
como candidato a la
vicepresidencia de
la Nación la fórmula
de la Unidad
Socialista y aspiró
a una diputación
nacional por la
Capital Federal. El
8 de setiembre de
1991 es elegido
diputado nacional,
momento desde el que
comenzó su
actividad
parlamentaria, por
la cual presentó más
de 200 proyectos de
leyes, resoluciones
y declaraciones con
contenido social, en
particular en
defensa de los
derechos humanos y
de la escuela pública,
laica y gratuita.
Como dirigente del
Partido Socialista
Democrático trabajó
por la unidad de las
fuerzas políticas
democráticas y
progresistas que
conformaron la
Alianza que asumió
el poder en 1999,
con la presidencia
de Fernando De la Rúa
y Carlos Alvarez. En
1994 fue electo
miembro de la
Convención Nacional
que reformó la
Constitución
Nacional; el 14 de
mayo de 1995 fue
reelecto Diputado
Nacional por la
Capital Federal y
retuvo por un tercer
período su banca en
los comicios del 24
de octubre de 1999.
En octubre de 2001,
fue electo Senador
Nacional por la
Capital Federal por
el ARI, cargo que no
llegó a ejercer
debido a los
recursos jurídicos
interpuestos por el
partido Nueva
Dirigencia, que
postulaba al actual
ministro de Justicia
y Seguridad, Gustavo
Beliz. En septiembre
del 2002 fue electo
presidente del
Partido Socialista,
resultante de la
fusión del Partido
Socialista Democrático
y del Partido
Socialista Popular,
y tras un fallido
acuerdo político
con el ARI encabezó
la fórmula
presidencial del
Socialismo en los
recientes comicios
del 27 de abril. Los
últimos años de su
vida fueron plenos
de reconocimiento a
su militancia por
los derechos
humanos, su
honestidad
intelectual y su
coherencia ideológica,
a la cual elevó en
cada participación
tanto desde su banca
como desde la
barricada. Los
restos mortales del
dirigente socialista
fueron velados en el
Congreso Nacional.
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