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¿Entonces, que estamos
comiendo?
Desarrollarán germoplasma
de soja para consumo
humano!!
Pese
a que la Argentina es
uno de los mayores
productores mundiales de
soja, las
investigaciones sobre
este producto como
alimento humano no han
tenido un desarrollo
sostenido, lo que impide
nuestra participación
en ese rubro del mercado
internacional. Por otra
parte, la competitividad
agrícola ya no depende
exclusivamente de su
expansión cuantitativa,
sino de la diversidad y
calidad de la materia
prima a ofrecer. Hasta
el momento el INTA ha
realizado trabajos
conjuntos, con empresas
en la introducción y
evaluación de
germoplasma, el análisis
de la calidad del grano,
y el desarrollo de
material adaptado de
alto rendimiento. En
este marco, el INTA
Marcos Juárez, se
dispone a firmar un
convenio con el sector
privado para desarrollar
germoplasma de soja para
consumo humano. Uno
de los principales
factores que impulsa
este proyecto es la
falta de variedades
adaptadas a las
condiciones agroecológicas
de nuestro país, con
las características de
grano requeridas para la
elaboración de
alimentos.
Fuente:
INTA Marcos Juárez,
(03472) 425001, amjuarez@correo.inta.gov.ar
Una
nueva variedad de soja
para consumo humano, ¿la
otra, que es?
Promueven
el desarrollo del
edamamé, una nueva
variedad de soja.
Proviene
del Japón, se destaca
por su valor nutricional
La
Facultad de Ciencias
Agrarias de Rosario y la
empresa Intea firmaron
un convenio para
fomentar su desarrollo
Tiene un alto
precio a nivel
internacional
La
Argentina cuenta ahora
con un tipo de soja para
consumo humano que le
llega del Japón
milenario: el edamamé.
Fue un grupo de
investigadores de la
Facultad de Ciencias
Agrarias de Zavalla
(Universidad Nacional de
Rosario) el que inscribió
la primera variedad de
este tipo de soja
adaptado a nuestro país.
Agata es el nombre de la
variedad obtenida en la
Argentina, resultado de
un proyecto
interdisciplinario
desarrollado en la
Facultad de Ciencias
Agrarias de la
Universidad Nacional de
Rosario, por los
docentes-investigadores
Eligio N. Morandi (cátedra
de Fisiología
Vegetal-investigador
Conicet, director del
proyecto), Raquel Benavídez
(cátedra de
Mejoramiento Vegetal) y
Carlos O. Gosparini (Cátedra
de Fisiología Vegetal).
Con el fin de impulsar
en la Argentina su
producción y su
comercialización, la
Facultad rosarina ha
firmado un convenio con
Innovaciones Tecnológicas
Agropecuarias SA
(Intea), una empresa del
Grupo INTA. Para este
emprendimiento, afirmó
el ingeniero agrónomo
Roberto Mario Delafosse,
gerente de Intea, el
establecimiento
educativo "aporta
la primera variedad
argentina de edamamé,
mientras que la empresa
del INTA ofrece su
trayectoria en el campo
de los negocios de base
tecnológica orientados
a mejorar la
competitividad del
sistema
agroalimentario".
Dulce y medicinal De
sabor dulce, textura
suave y con un valor,
además de nutritivo,
medicinal, le auguran
algunos un destino feliz
en nuestras pampas,
tanto desde el punto de
vista del mercado
interno como del de sus
posibilidades para la
exportación. Le
atribuyen, además, alta
palatabilidad y
digestibilidad y
potenciales propiedades
terapéuticas. Según
Delafosse, el edamamé
"está llamado a
constituirse en una
nueva alternativa para
el mercado interno de
especialidades y para el
abastecimiento de
demandas de mercados
externos". Agregó
que éste se adapta
perfectamente al esquema
de cadena
agroalimentaria,
"ya que integra la
producción, el
procesamiento y la
demanda, todos basados
en la calidad del
producto final". Su
producción, con
continuidad y volumen,
podrá, en opinión de
Delafosse,
"diversificar los
sistemas productivos,
especialmente para los
medianos y pequeños
productores, que tendrán
una excelente
oportunidad de
incrementar la
rentabilidad de sus
explotaciones". El
mercado de la soja verde
vegetal o edamamé en la
Argentina aún no ha
sido desarrollado y se
estima que presentaría
posibilidades de
crecimiento ante los
cambios en los hábitos
de consumo.
Origen
milenario
El origen del
edamamé se remonta a
su utilización como
medicina en la
historia antigua de
Japón, país que, en
la actualidad, importa
más de 50.000
toneladas al año. Su
nombre deriva de edo:
denominación imperial
de Tokio, y mamé:
poroto.
La producción
de este vegetal se
realiza con tecnología
extensiva, y se lo
puede cosechar tanto
en forma manual como
mecánica.
FUENTE.
LA
NACION Suplemento Campo
15 de marzo de 2003
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