Carta
por la paz
Por
Ernesto Sabato
Este
texto fue escrito por
Don Ernesto Sabato,
especialmente para ser
leído por el mismo,
frente a 2000 chicos de
escuelas públicas de la
Ciudad de Buenos Aires,
que se reunieron en el
estadio Obras Sanitarias
para pedir por la paz.
El acto fue organizado
por la Secretaría de
Educación porteña.
Hubo otros mensajes, del
premio Nóbel de la Paz
Adolfo Pérez Esquivel y
de Julia Zenko.
Queridos
chicos:
Ustedes
saben, han tenido que
aprender cómo el poder
gana, cómo los hombres
matan por poder. Han
tenido que aprender, lo
ven por televisión, la
atrocidad de los
bombardeos, de las
masacres, de la miseria,
del horror que trae la
guerra a quienes la
padecen. Saben también
que otros chicos como
ustedes verán morir de
dolor a sus padres, a
sus hermanitos. Pero eso
no importa al poder.
También saben que
millones y millones de
hombres y mujeres han
manifestado por las
calles del mundo su
deseo de paz, su oposición
a esta guerra. Y eso
tampoco parece haber
importado al poder.
Entonces, ante la
gravedad de la situación
en que vivimos, vengo a
testimoniarles
que habremos de
permanecer en la decisión
de no aceptar la guerra,
de no resignarnos a
ella. Hay que mantener,
queridos chicos,
encendida en el alma la
llama de este
dolor de
humanidad, y ser fiel.
Si esta determinación
permanece, será
inquebrantable. Podrán
hacer la guerra, pero
han de saber que son
asesinos, que así los
llamarán los chicos de
todo el mundo. El amargo
presente al que nos
enfrentamos exige que
nuestras palabras,
nuestros gestos, nuestra
obra se consagre, como
verdadero cumplimiento
de nuestra más alta
vocación, a expresar la
angustia, el peligro, el
horror, pero también la
esperanza y el coraje y
la solidaridad de los
hombres. En medio de
esta tremenda situación,
cada hombre y cada
mujer, ustedes también,
chicos, están llamados
a encarnar un compromiso
ético, que los lleve a
expresar el desgarro de
miles y miles de
personas, cuyas vidas
están siendo reducidas
a silencio a través de
las armas, la violencia
y la exclusión. Se ha
hecho evidente que
quienes detentan el
poder toman decisiones
ajenas al sentir de la
humanidad, guerras
atroces que sostienen
los países poderosos
contra pueblos
desamparados, bajo la
siniestra ironía de
resguardar a la
humanidad. Frente a
estos hechos, frente a
la violencia y a la
muerte de nuestros
hermanos, hemos de
resistir para resguardar
ese absoluto donde la
vida y los valores ya no
se canjean, alcanzando
así la medida de la
grandeza humana. En
todos los idiomas, Paz,
es una palabra suprema y
sagrada, expresa el
deseo de Dios para los
hombres.
El deseo de un reino de
paz y justicia; la paz y
la justicia que estamos
acá para reclamar y
testimoniar.