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Es imposible no dejar de mirar con asombro esta forrajería que parece sacada de una crónica de nuestra historia reciente. Juan Cruz nos cuenta la historia de su vida, pero en ella nos cuenta también la historia de la Nación. Desde atrás del mostrador vio surgir y desaparecer proyectos e iniciativas de todo tipo.
No recuerda muy bien cuando empezó a ayudar a su padre "...era muy chico, tendría diez o doce años. Éramos diez de familia nosotros, los diez ayudábamos en el trabajo. Uno a juntar la bosta de los caballos, el otro a darle agua a las gallinas, todo el mundo trabajaba. Acá no teníamos problemas de nada" dice Don Juan, mostrando su respuesta a los problemas que genera la desocupación. "Mi viejo decía "que se levanten todos a las ocho y que se queden en la cama los que maman" era una picardía porque no había nadie tan chico. En el negocio, a medida que íbamos creciendo íbamos teniendo más responsabilidades hasta que ya después, llegaste. Yo era el único varón, tenía dos hermanas más chicas y dos más grandes. Ibamos todos a la escuela 37, que todavía estaba en Guido. Ahí íbamos todos, pobres, ricos, todo el mundo, no había distinción de clases. Después de la primaria seguí estudiando como pupilo en el Euskalechea y bueno, esa época pasó.
Después que salí del colegio seguí acá en el negocio. Mi viejo tenía una chata, y yo le decía "estamos muy atrasados". Compré un camión Chevrolet '57. El tenía la idea que los que compraban camiones se fundían, después se dio cuenta que así se hacía todo más rápido.
Meeks yo la conocí adoquinada, pero mi viejo la conoció de tierra, que la había donado Francisco Meeks, que también donó después los adoquines y después le pusieron esas capas arriba que pagamos nosotros, igual que la luz. Yo me acuerdo que pasaba el tranvía por la mitad de la calle. El que venía de Correo Central a Temperley. Era lindo. Acá había a caballo que iba a Turdera, y había otro que iba a Villa Sastre. Eran tranvías que se ponían para vender los lotes.
Hemos visto revoluciones, aquí de todo tipo. Mi viejo decía "bajen las persianas que se viene la revolución. Y las guerras mundiales. Yo no se a que conduce la guerra, cada vez son más cortas y muere más gente. Los que venden armas tienen que hacer las guerras. Está todo fríamente calculado.
El primer cine que hubo en la zona era el Splendid, había colas para ver las películas. Acomodador, chocolatinero. ¡Era linda época! Ahora se está desmoronando todo. Hay una bailanta ahí.
Enfrente, donde ahora están demoliendo el chalet (Meeks 1075) era parte de la quinta de Nicolás Avellaneda. Cuando era presidente la mujer, de apellido Nóbrega, lo iba a esperar al apeadero, que todavía está y el jefe de la estación, Juan Peruil, le llevaba una silla para que la señora del presidente lo esperara cómoda.
Yo vi por aquí pasar las vacas, pasaban con las vacas y si usted quería leche paraban las vacas y las ordeñaban le vendían. También pasaban con manadas de animales por la calle y uno elegía el animal que quería y se lo vendían.
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